Se detuvo sobre su eje y dió una vuelta de 360 grados de forma lenta y pausada. Trataba de reconocer y contabilizar las cosas que ya conocía de sobra. La cartera dentro de la bolsa, las tarjetas de crédito dentro de la cartera, las deudas aun dentro de las tarjetas. Al parecer todo estaba ahí y aun así sentía que faltaba todo.
Tomó cerca de10 minutos para que se diera cuenta de que lo que faltaba era irrepetible, irrecuperrable, y sobre todo, muy dificil de aceptar, pero el insistente hueco entre sus costillas no podía estar equivocado.
El pánico empezo a tomar posesión de sus pensamientos y entre muchas otras opciones pensó en llamar a la policía, pero aun le quedaba algo de razón para darse cuenta de que sería inútil y sobre todo, absurdo.
No quedándole nada mas por hacer, se sentó en el suelo, se tapó la cara con ambas manos, y se puso a llorar como no había llorado en años, tal vez como no había llorado nunca. Siendo una persona demasiado exigente consigo misma, jamás se hubiera permitido hacer una escena como esa, …pero tuvo que reconocer que la situación lo ameritaba, vaya, no todos los días le roban a uno el corazón.
Thursday, March 30, 2006
Sunday, March 12, 2006
"Yo ya sabía que esto iba a pasar" -dijo el señor sentado a un lado de mi- "lo sentí aquí, en el corazón. Es que yo soy curandero, ¿Sabe?".
Por toda respuesta, recurrí a esa expresión facial que tanto he tenido que usar últimamente: Sonrisa mezclada con asombro que parece interés y distrae por unos segundos valiosísimos, mientras intento desesperadamente esconder algo MUY difícil de esconder ...el miedo.
Al ver que no obtendría mas diálogo que mi sonrisa, sacó de la bolsa de su camisa un hilo, del cual colgaba un dije que no alcancé a identificar. Se lo enredó en la muñeca y se puso decir cosas en voz muy bajita; parecía que rezaba mientras movía la mano sujetando el amuleto, como si quisiera sacar el diablo del camión, como si alguna posesión demoniaca, que en ésta dimensión seria denominada como "falta de aceite en la trasnmisión", impidiera que continuáramos con nuestro camino.
El diablo de las transmisiones se negó a abandonar a su presa y desde el otro autobús que llegó a rescatarnos, ví como se quedó devorandolo a un lado de la carretera, como un triunfante león muerto de hambre, sin más testigos que los chingomil carros que pasaban sin parar por la autopista.
Han pasado 3 dias desde entonces, y desde que lo perdí de vista no he dejado de pensar que tal vez debí haber preguntado a el Señor Curandero que si también cura gente, o sólo autobuses. Que si sus trabajos con la gente tienen mejores resultados que los de los autobuses.Que si cuanto cobraba. Que si que garantías tenía su trabajo. Que si era posible sacar este demonio muerde corazones que tengo atrincherado en el pecho, y que en ésta dimensión se le conoce simplemente como "maldeamor".
Pero no le pregunté, y desde el autobús, sentado en su lugar y faltándole algunas horas mas de viaje, vió por la ventana cómo el demonio, -predador hijueputa que desde hace meses se devora incansable a la presa que arrastraba dos maletas y buscaba con la vista un taxi-, seguía tranquilamente arrancando pedazos de donde ya casi no queda nada, sin más testigos que los chingomil montones de gente que a diario pasan, sin tocarme, aun lado de mi vida.
Por toda respuesta, recurrí a esa expresión facial que tanto he tenido que usar últimamente: Sonrisa mezclada con asombro que parece interés y distrae por unos segundos valiosísimos, mientras intento desesperadamente esconder algo MUY difícil de esconder ...el miedo.
Al ver que no obtendría mas diálogo que mi sonrisa, sacó de la bolsa de su camisa un hilo, del cual colgaba un dije que no alcancé a identificar. Se lo enredó en la muñeca y se puso decir cosas en voz muy bajita; parecía que rezaba mientras movía la mano sujetando el amuleto, como si quisiera sacar el diablo del camión, como si alguna posesión demoniaca, que en ésta dimensión seria denominada como "falta de aceite en la trasnmisión", impidiera que continuáramos con nuestro camino.
El diablo de las transmisiones se negó a abandonar a su presa y desde el otro autobús que llegó a rescatarnos, ví como se quedó devorandolo a un lado de la carretera, como un triunfante león muerto de hambre, sin más testigos que los chingomil carros que pasaban sin parar por la autopista.
Han pasado 3 dias desde entonces, y desde que lo perdí de vista no he dejado de pensar que tal vez debí haber preguntado a el Señor Curandero que si también cura gente, o sólo autobuses. Que si sus trabajos con la gente tienen mejores resultados que los de los autobuses.Que si cuanto cobraba. Que si que garantías tenía su trabajo. Que si era posible sacar este demonio muerde corazones que tengo atrincherado en el pecho, y que en ésta dimensión se le conoce simplemente como "maldeamor".
Pero no le pregunté, y desde el autobús, sentado en su lugar y faltándole algunas horas mas de viaje, vió por la ventana cómo el demonio, -predador hijueputa que desde hace meses se devora incansable a la presa que arrastraba dos maletas y buscaba con la vista un taxi-, seguía tranquilamente arrancando pedazos de donde ya casi no queda nada, sin más testigos que los chingomil montones de gente que a diario pasan, sin tocarme, aun lado de mi vida.
Tuesday, March 07, 2006
Abrí la puerta para salir del departamento y antes de poder declararme oficialmente en la calle, una mariposa amarilla fué a estrellarse contra mi pecho, y acto seguido, cayó muerta al suelo.
Me quedé mirándola por unos segundos a ver si se movía, y al instante recordé los libros de García Márquez, donde las mariposas amarillas traen augurios de fatalidad. Con esa idea en mente y como si se tratara de un perro rabioso bloqueando mi acceso a las escaleras, toqué a la mariposa con la punta de mi zapato y no recibí interacción de su parte. Me incliné a verla de cerca. Era muy bonita. Tenía un color iridiscente que cambiaba de tonos dependiendo de cómo le diera la luz en las alas. La tomé con cuidado y la guardé entre las hojas de mi libreta de teléfonos. Al tercer escalón ya la había olvidado.
El día transcurrió hasta hacerse de noche, y no podría decir que fué el peor día que he tenido, por que he tenido peores, pero definitivamente no me atrevería a catalogarlo entre mis favoritos. Con un chingo de ideas amontonándose en mi cabeza y un nudo en la garganta, trataba de no pensar en ti, mentiroso, pinche cínico... y seguía maldiciéndote cuando tomé el celular y abrí la libreta de teléfonos. Buscaba al azar a cualquiera de mis amigas para desahogarme, para decirles la clase de basura que eres... cuando de entre las hojas salió algo que parecía un recibo doblado. Traté de interceptarlo mientras caía, pero no cayó al suelo. Se elevó y dió dos-tres vueltas alrededor mío antes de alejarse y desaparecer.
Y me quedé parada, estática, viéndola volar y perderse mientras sentía una mezcla de miedo y deseo, un deseo indescriptible de que mañana, cuando abras la puerta de tu casa, cientos de mariposas amarillas -todas ellas portadoras de infelicidad- vayan a estrellarse como misiles sin misericordia contra tu pecho, y caigas muerto al suelo.
Me quedé mirándola por unos segundos a ver si se movía, y al instante recordé los libros de García Márquez, donde las mariposas amarillas traen augurios de fatalidad. Con esa idea en mente y como si se tratara de un perro rabioso bloqueando mi acceso a las escaleras, toqué a la mariposa con la punta de mi zapato y no recibí interacción de su parte. Me incliné a verla de cerca. Era muy bonita. Tenía un color iridiscente que cambiaba de tonos dependiendo de cómo le diera la luz en las alas. La tomé con cuidado y la guardé entre las hojas de mi libreta de teléfonos. Al tercer escalón ya la había olvidado.
El día transcurrió hasta hacerse de noche, y no podría decir que fué el peor día que he tenido, por que he tenido peores, pero definitivamente no me atrevería a catalogarlo entre mis favoritos. Con un chingo de ideas amontonándose en mi cabeza y un nudo en la garganta, trataba de no pensar en ti, mentiroso, pinche cínico... y seguía maldiciéndote cuando tomé el celular y abrí la libreta de teléfonos. Buscaba al azar a cualquiera de mis amigas para desahogarme, para decirles la clase de basura que eres... cuando de entre las hojas salió algo que parecía un recibo doblado. Traté de interceptarlo mientras caía, pero no cayó al suelo. Se elevó y dió dos-tres vueltas alrededor mío antes de alejarse y desaparecer.
Y me quedé parada, estática, viéndola volar y perderse mientras sentía una mezcla de miedo y deseo, un deseo indescriptible de que mañana, cuando abras la puerta de tu casa, cientos de mariposas amarillas -todas ellas portadoras de infelicidad- vayan a estrellarse como misiles sin misericordia contra tu pecho, y caigas muerto al suelo.
Monday, March 06, 2006
Es ya muy tarde. Ya es el día siguiente aunque no lo parezca.
Miro por la ventana tratando de encontrar el martes, pero sólo consigo seguir viendo al lunes.
Sin un reloj a la mano, el tratar de encontrar la diferencia es como caminar por la playa de noche y no ser capaz de distinguir las líneas divisorias entre la arena, el mar y el cielo, y sólo ver un gran vacío negro que parece querer tragarte. Una boca gigante cuya respiración se confunde y esconde entre el sonido del ir y venir de las olas del mar.
Para mi sigue siendo lunes.
Volteo hacia la otra ventana.
Entre muchas líneas de nombres está el tuyo, y lo miro, tratando de encontrar a quien adoro y necesito, pero sólo consigo seguir viéndote a ti.
En verdad quiero hablarte, pero por más que busco no tengo nada que decirte.
Ya no hay misterios, no hay razones, no hay pretextos para buscar eso que ofreces, por que en realidad no ofreces nada. Eres como el mar a las dos de la mañana... confuso. Eres alguien cuya necesidad de mí se esconde y se interrumpe entre el cíclico ir y venir de sus instantes de soledad.
Es ya muy tarde.
Y yo ya no puedo quererte
aunque no lo parezca.
Miro por la ventana tratando de encontrar el martes, pero sólo consigo seguir viendo al lunes.
Sin un reloj a la mano, el tratar de encontrar la diferencia es como caminar por la playa de noche y no ser capaz de distinguir las líneas divisorias entre la arena, el mar y el cielo, y sólo ver un gran vacío negro que parece querer tragarte. Una boca gigante cuya respiración se confunde y esconde entre el sonido del ir y venir de las olas del mar.
Para mi sigue siendo lunes.
Volteo hacia la otra ventana.
Entre muchas líneas de nombres está el tuyo, y lo miro, tratando de encontrar a quien adoro y necesito, pero sólo consigo seguir viéndote a ti.
En verdad quiero hablarte, pero por más que busco no tengo nada que decirte.
Ya no hay misterios, no hay razones, no hay pretextos para buscar eso que ofreces, por que en realidad no ofreces nada. Eres como el mar a las dos de la mañana... confuso. Eres alguien cuya necesidad de mí se esconde y se interrumpe entre el cíclico ir y venir de sus instantes de soledad.
Es ya muy tarde.
Y yo ya no puedo quererte
aunque no lo parezca.
Sunday, March 05, 2006
Buscando un lápiz delineador de ojos entre los cajones del tocador, me encontré algo que no recordaba, y que de haber recordado, estoy segura habría pensado que ya no existía.
Lo tomé como si fuera polvo de oro, casi temiendo que al contacto con mis dedos se fuera a desbaratar, o peor aún, desaparecer.
Lo primero que traté de hacer, fué una cuenta de años, y la mente me dió más de seis. Lo tomé, me lo puse en el anular de la mano derecha y recordé el momento exacto en que pasó a ser mío. Recuerdo que era de día. Recuerdo que íbamos a entrar al cine. Recuerdo que estábamos viendo discos mientras llegaba la hora de nuestra película. Y me lo regalaste.
Tanto tiempo. Tantísimo olvido.... y aquí esta, en mi mano, cuando ya la promesa esta bien rota: el anillo de promesa.
No me lo he quitado desde que lo encontré.
Quise hacerlo pero no pude... fué como si todo el aire que me estuviera permitido respirar proviniera de ese anillo. En los 5 minutos que lo tuve puesto se creó una codependencia entre yo y ese pequeño aro de metal laqueado de rojo que no puedo explicar, y que no entenderia nadie, y lo que es mejor, no me interesa que entienda nadie.
Desde entonces va conmigo a todos lados, y lo miro de reojo de vez en cuando, para cerciorarme de que aún está ahi. Y lo veo, y sonrío. Estancada en el momento del que nunca me voy a soltar. Por que, ¿sabes? yo no detengo al anillo entre mis dedos. Él me sostiene a mí. Es... como la incapacidad de distinguir realidad y ficción. Cómo perder la razón. Como enamorarse de un recorte de revista.
Así es mi amor por tí.
Lo tomé como si fuera polvo de oro, casi temiendo que al contacto con mis dedos se fuera a desbaratar, o peor aún, desaparecer.
Lo primero que traté de hacer, fué una cuenta de años, y la mente me dió más de seis. Lo tomé, me lo puse en el anular de la mano derecha y recordé el momento exacto en que pasó a ser mío. Recuerdo que era de día. Recuerdo que íbamos a entrar al cine. Recuerdo que estábamos viendo discos mientras llegaba la hora de nuestra película. Y me lo regalaste.
Tanto tiempo. Tantísimo olvido.... y aquí esta, en mi mano, cuando ya la promesa esta bien rota: el anillo de promesa.
No me lo he quitado desde que lo encontré.
Quise hacerlo pero no pude... fué como si todo el aire que me estuviera permitido respirar proviniera de ese anillo. En los 5 minutos que lo tuve puesto se creó una codependencia entre yo y ese pequeño aro de metal laqueado de rojo que no puedo explicar, y que no entenderia nadie, y lo que es mejor, no me interesa que entienda nadie.
Desde entonces va conmigo a todos lados, y lo miro de reojo de vez en cuando, para cerciorarme de que aún está ahi. Y lo veo, y sonrío. Estancada en el momento del que nunca me voy a soltar. Por que, ¿sabes? yo no detengo al anillo entre mis dedos. Él me sostiene a mí. Es... como la incapacidad de distinguir realidad y ficción. Cómo perder la razón. Como enamorarse de un recorte de revista.
Así es mi amor por tí.
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