"Yo ya sabía que esto iba a pasar" -dijo el señor sentado a un lado de mi- "lo sentí aquí, en el corazón. Es que yo soy curandero, ¿Sabe?".
Por toda respuesta, recurrí a esa expresión facial que tanto he tenido que usar últimamente: Sonrisa mezclada con asombro que parece interés y distrae por unos segundos valiosísimos, mientras intento desesperadamente esconder algo MUY difícil de esconder ...el miedo.
Al ver que no obtendría mas diálogo que mi sonrisa, sacó de la bolsa de su camisa un hilo, del cual colgaba un dije que no alcancé a identificar. Se lo enredó en la muñeca y se puso decir cosas en voz muy bajita; parecía que rezaba mientras movía la mano sujetando el amuleto, como si quisiera sacar el diablo del camión, como si alguna posesión demoniaca, que en ésta dimensión seria denominada como "falta de aceite en la trasnmisión", impidiera que continuáramos con nuestro camino.
El diablo de las transmisiones se negó a abandonar a su presa y desde el otro autobús que llegó a rescatarnos, ví como se quedó devorandolo a un lado de la carretera, como un triunfante león muerto de hambre, sin más testigos que los chingomil carros que pasaban sin parar por la autopista.
Han pasado 3 dias desde entonces, y desde que lo perdí de vista no he dejado de pensar que tal vez debí haber preguntado a el Señor Curandero que si también cura gente, o sólo autobuses. Que si sus trabajos con la gente tienen mejores resultados que los de los autobuses.Que si cuanto cobraba. Que si que garantías tenía su trabajo. Que si era posible sacar este demonio muerde corazones que tengo atrincherado en el pecho, y que en ésta dimensión se le conoce simplemente como "maldeamor".
Pero no le pregunté, y desde el autobús, sentado en su lugar y faltándole algunas horas mas de viaje, vió por la ventana cómo el demonio, -predador hijueputa que desde hace meses se devora incansable a la presa que arrastraba dos maletas y buscaba con la vista un taxi-, seguía tranquilamente arrancando pedazos de donde ya casi no queda nada, sin más testigos que los chingomil montones de gente que a diario pasan, sin tocarme, aun lado de mi vida.
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